Llora todas las tardes, a la misma hora, sin parar y sin que nada lo calme. Si has llegado hasta aquí a las ocho de la tarde con el bebé en brazos, lo primero es lo más importante: el cólico del lactante no es culpa tuya, no significa que lo estés haciendo mal y se pasa. Lo segundo es separar lo que ayuda de lo que solo gasta dinero.
Cómo se reconoce
Hablamos de cólico cuando un bebé sano, que come y engorda bien, llora de forma intensa e inconsolable sin causa aparente. La regla clásica son tres horas al día, tres días a la semana, durante al menos tres semanas. Aparece sobre la segunda o tercera semana de vida, tiene su peor momento alrededor de las seis semanas y se resuelve solo hacia los tres o cuatro meses. Las señales típicas: encoge las piernas, aprieta los puños, se pone rojo, tiene la barriga tensa y los episodios se concentran al final del día.
Que sea algo normal no significa que haya que aguantarlo en silencio. Pero sí conviene saber que es una etapa con fecha de caducidad, porque eso cambia cómo se vive.
Lo que sí ayuda
- Contacto y movimiento. Porteo, piel con piel, pasear con él encima. No se «acostumbra a los brazos»: a esta edad es lo que necesita.
- Masaje en la barriguita. Movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj y la maniobra de la bicicleta con las piernas, con las manos calientes y después del baño. Un aceite de masaje pensado para el bebé hace que la mano resbale y no tire de la piel.
- Buena técnica de toma. Sin prisa, en vertical, con pausas, y ayudándole a eructar al terminar. Cuanto menos aire entre, menos presión en la barriga.
- Ruido blanco y luz baja en las horas malas. Bajar los estímulos de la tarde ayuda más de lo que parece.
- Turnarse. Si estáis dos, media hora de relevo para cada uno no es un lujo, es parte del tratamiento.
El biberón, si lo usas
Si das biberón, la tetina importa. Las tetinas con sistema anticólico dejan entrar el aire por un canal propio en lugar de por la boca del bebé, y eso reduce la cantidad de aire que traga. Dos detalles que vemos fallar a menudo: el flujo tiene que corresponder a su edad (uno demasiado rápido le hace tragar a bocanadas) y el biberón se inclina lo justo para que la tetina esté siempre llena de leche.
Sobre las leches llamadas «confort»: existen, y en algunos bebés mejoran los gases y el tránsito. Pero son una fórmula distinta y el cambio de leche lo decide el pediatra, no el pasillo de la farmacia. Si te lo ha indicado, te ayudamos a elegir y a hacer la transición; si no, lo primero es revisar la técnica.
Lo que no funciona
Las infusiones de hierbas en bebés pequeños no están recomendadas: desplazan tomas de leche y algunas no son inocuas. El anís estrellado está directamente descartado por el riesgo de contaminación con anís japonés. Cambiar de leche cada semana por si acaso solo añade ruido. Y las dietas restrictivas de la madre que dan el pecho, quitando lácteos o legumbres sin criterio, rara vez cambian el llanto y sí empobrecen su alimentación: si hay sospecha de intolerancia, se valora con el pediatra.
Cuándo no es un cólico
Hay que consultar sin esperar si el bebé no gana peso, vomita con fuerza o de forma repetida, tiene fiebre, sangre en las heces, diarrea, está adormilado o muy flojo, o si el llanto cambia de patrón y aparece a cualquier hora. El cólico es un bebé que llora mucho pero está sano; cualquier otra cosa merece una revisión.
Si quieres que te echemos una mano con la técnica de la toma o con la tetina, pásate por Farmacia Reboreda, en Redondela, o llámanos al 986 40 81 27. Aquí tienes nuestra sección de bebés y mamás, y si estás dando el pecho con molestias, lee también grietas en el pezón: por qué aparecen y cómo aliviarlas.
